3 abr. 2015

Hoy es Viernes Santo.

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Lo sabes, madre, hoy es Viernes Santo.
Cogido de la mano te seguía
tras Cristo yerto, que me daba espanto,
y la suya, tristísima María.
Lejano por tu muerte ya mi llanto,
contigo me quisiera, madre mía,
dormido y compartiendo los ensueños
de quien murió colgado de unos leños.

9 ene. 2013

Amor perro.

Hacia las cuatro de la tarde de un día de mucho calor volvíamos mi padre y yo del Pico del Inglés y monte Aguirre por el valle de Tahodio y a unos metros del club de tenis que allí hay vimos a una perra grande y negra que se acercó a nosotros juguetona y la acariciamos y se bajó de pronto a la barranca seca que bordea la pista por la que caminábamos y se puso a ladrar frenética con el morro apuntando en el mínimo talud a algo que allí había y cuando el dueño la llamó en tanto se iba hacia él volvió aún dos veces al sitio a ladrar con furia como si le pesara dejarlo.

Y siguió andando mi padre mas yo curiosa como mujer o como niña de solo dieciséis años quería saber qué podría haber excitado a la perra negra de esa manera y me acerqué y agachada miré a lo que parecía un agujero terroso viendo al fondo unos ojitos negros entre una mancha blancuzca y oyendo el jadeo de lo que era sin duda alguna un perro pequeño. Y llamé a mi padre ven le dije y mira y él vino y miró y con mucho cuidado sacó de allí al perrito que no quería salir e intentaba morderle lleno de miedo; y ya fuera el animalillo vimos era un caniche apenas blanco de sucio que estaba y que sin duda perdido o abandonado había buscado aquel refugio para morir en él dado el tremendo calor que hacía y el estado en que se hallaba tan flaco que cuando lo cogí en mis brazos ni noté su peso que no era sino la sola piel y los huesos.

Y mi padre dijo déjalo ahí que muera tranquilo y yo no que me lo llevo y él pero mira que estará muy enfermo y yo dije que sí lo estaba porque tenía un bulto como un tumor raro donde termina el cuello que parecía unos granos de uva juntos y enseguida comprendí horrorizada que eran un montón de garrapatas que se movían arracimadas. Y aun así le di agua de mi cantimplora que bebió con ansia hasta acabarla y luego lo mecí en mis brazos y el pobre parecía dormido aunque me miraba y le di a mi padre la mochila y caminamos hasta alcanzar el lugar en el que habíamos dejado el coche y llegamos a casa yo con mi perrito que ya era mío siempre en los brazos; y en ella entre mi padre y yo que mi madre no quería saber nada le quitamos como pudimos varias docenas de aquellas asquerosas garrapatas infladas de la sangre del pobrecito y aunque debíamos de causarle mucho dolor él no se quejaba. Y en días siguientes lo llevamos a una clínica veterinaria y a que lo pelaran y se fue recuperando y era aquel caniche que conmigo se volvía loco un maravilloso perrito de pelo sedoso y blanco.

Y pasaron más días y los meses y pasó bastante más del año con el perrito feliz conmigo y me quería tanto y era tan posesivo y celoso en ese amor que llegaba a asustarme un poco. Y de lo mal que debió pasarlo hasta que lo recogimos le quedó el sufrir de vez en cuando unos dolores grandes a cuenta de que tenía la columna vertebral débil y la veterinaria me dijo ya la primera vez que lo examinó a fondo y a la vista de una radiografía no dejéis que suba ni baje escaleras y sobre todo que no salte porque tiene lesionadas un par de vértebras lumbares y se le podría seccionar la médula que de por sí es problema común en los caniches y más en los que han sufrido algún tipo de maltrato; y yo siempre andaba con miedo porque mi perrito tenía una vitalidad asombrosa y corría de continuo y brincaba en cuanto me veía y yo le gritaba ¡estate quieto tesoro! y él era un no poder evitarlo y sin hacer caso continuaba con sus saltos.

Y hace unas pocas semanas se casó mi hermano y fuimos todos a la boda y se quedó él solo en casa y cuando volvimos a las dos o las tres de la mañana fue verme y empezar a dar unos brincos tremendos y yo lo quería coger y él no se dejaba y seguía y seguía saltando y de pronto empezó a aullar de un modo espantoso y a revolcarse por el suelo y supimos de inmediato que la médula se le había seccionado porque no movía las patitas de atrás ni la cola y desde ese momento no podíamos casi ni tocarlo sin hacerle un grandísimo daño; y en la tarde de ese mismo día en la clínica y por la veterinaria que lo venía tratando se le puso la inyección para dormirlo y se durmió para siempre aquel perro desgraciado y yo lloré y lloré y lloré como nunca volveré a llorar porque sabía que era el amor que me tenía lo que le había matado.

Y cuando al día siguiente regresábamos de enterrarlo entre laurisilva húmeda al pie de la Cruz del Carmen desde la que se ve el lugar donde lo encontramos empecé a llorar y a llorar otra vez y tardó tiempo en parar ese llanto y entonces mi padre me dijo muy serio hija mía le estoy pidiendo a Dios que cuando me muera sientas y llores por mí una décima parte y con eso me conformo de lo que por él has sentido y has llorado.